La guerra no termina en el campo de batalla

Cuando alguien vuelve de la guerra (si es que pudo volver), no vuelve siendo el mismo.

No es una metáfora.

No es poesía.

Es biología.

El cuerpo no olvida, el cuerpo lleva la cuenta.

Te voy a pedir algo…

Cerrá los ojos un segundo (sí, incluso leyendo esto).

Imaginá que escuchás un ruido fuerte.

Un portazo. Un estallido. Un grito.

Ahora abrilos.

Tu cuerpo reaccionó antes que tu cabeza, ¿no?

Eso, multiplicado por mil… es lo que muchas personas que estuvieron en guerra siguen sintiendo años después.

No todos los héroes volvieron, muchos viven en el pasado.

No todos los héroes volvieron completos, muchos viven fragmentados. 

Si viste Peaky Blinders, seguramente recuerdes a Tommy Shelby. 

El tipo puede liderar una banda, negociar con políticos, desafiar a la mafia, manejar el caos… pero no puede dormir. 

Tiene recuerdos intrusivos, hipervigilancia. 

Se anestesia, se desconecta.

Esto es trauma.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) aparece cuando alguien vive o presencia algo que supera su capacidad de procesarlo. Según Bessel van der Kolk en su libro “El cuerpo lleva la cuenta”, el trauma no es lo que pasó, sino lo que quedó atrapado dentro tuyo.

Y lo que queda no es un recuerdo, es una experiencia que sigue ocurriendo una y otra y otra vez como si fuese la primera.

Estamos hablando de un sistema nervioso alterado.

Vivir con el trauma es vivir en modo supervivencia. 

Vivir con un trauma no siempre se ve como en las películas. A veces es no poder relajarse nunca. Es estar en alerta aunque “no pase nada”. Es evitar lugares, conversaciones o personas sin saber bien por qué. Es reaccionar con intensidad desmedida… o no sentir nada. Incluso evitar hablar del pasado. 

Dicen que la mayor fuente de nuestro propio sufrimiento son las mentiras que nos contamos a nosotros mismos. Pero después de haber experimentado una situación tan dolorosa yo pensaría que se requiere mucho valor permitirse a uno mismo recordar, ¿sabes lo doloroso que puede ser enfrentarse a la realidad? 

Una de las cosas más difíciles para las personas que han sufrido un trauma es enfrentarse a los remordimientos de cómo se comportaron durante el episodio traumático. 

El trauma es algo así como la esclerosis de los recuerdos. 

Como si ciertas memorias se endurecieran. 

Se volvieran rígidas.

No se integran. No se transforman.

Intocables.

Quedan ahí, congeladas… pero activas.

Vivir en “modo trauma” es ser preso de un pasado que te invade sin aviso ni permiso.

Y no, no hace falta haber estado en una guerra para que el cuerpo aprenda a vivir como si lo estuviera. Pérdidas, violencia, abandono, negligencia, vínculos que dañan, indiferencia, situaciones que desbordan… Cualquier experiencia puede volverse una guerra interna si no logra ser procesada.

Cada 2 de abril, en Argentina, recordamos el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. No es solo memoria histórica. Es memoria emocional.

Se trata de los que volvieron… pero no del todo.

Más de la mitad de los soldados caídos fueron enterrados sin nombre en la Isla Soledad.

Despojados de homenajes o reconocimientos 7.800 soldados volvieron a Argentina sin bienvenidas, sin desfiles, sin actos oficiales debido a un pacto de silencio liderado por la dictadura. El abandono estatal ocasionó que el 37% de ex combatientes se viera involucrado en situaciones de violencia doméstica, el 26% portaba armas, hubo un alto número de adicción a las drogas y el alcohol. Además entre 350 y 454 ex combatientes se quitaron la vida después de la guerra. 

Heridas visibles e invisibles no reconocidas hoy se conmemoran.

No todas las guerras terminan. 

¿Qué parte de tu propia historia sigue en guerra?

En Psico Coffee hablamos de estas cosas.

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