La terapia individual es un proceso de acompañamiento psicológico pensado para ayudarte a comprender lo que estás viviendo, ordenar lo que sentís y encontrar nuevas maneras de afrontar tus dificultades. Muchas veces llegamos a terapia cuando algo se vuelve pesado: una emoción que no se va, un problema que se repite, una etapa de cambios, una relación que duele, o simplemente una sensación de estar “desconectados” de nosotros mismos.
En este espacio, el objetivo no es juzgarte ni decirte qué hacer, sino acompañarte con respeto y profesionalismo para que puedas mirar tu historia con más claridad, entender tus patrones, fortalecer tus recursos y tomar decisiones con mayor seguridad. La terapia es un lugar donde podés hablar con libertad, sin miedo a ser criticado, y donde todo lo que traigas tiene valor: tus dudas, tus pensamientos, tus miedos, tus enojos, tus heridas y también tus sueños.
A veces, lo que nos pasa no se puede explicar fácil. Hay emociones que aparecen sin motivo aparente, situaciones que nos desbordan o conflictos que se repiten una y otra vez. La terapia individual te permite ponerle nombre a lo que estás sintiendo, reconocer qué te afecta, y descubrir de dónde viene. Muchas dificultades actuales tienen raíces profundas: experiencias pasadas, vínculos, exigencias internas, inseguridades, duelos no resueltos o aprendizajes que hicimos para sobrevivir, pero que hoy ya no nos ayudan.

Este proceso no se trata solo de “hablar por hablar”. La terapia es un camino de autoconocimiento, crecimiento y transformación. A medida que avanzás, empezás a identificar tus pensamientos automáticos, tus emociones más frecuentes, tus reacciones, tus límites y tus necesidades. Y con eso, aparece algo muy importante: la posibilidad de elegir. Elegir cómo responder, cómo cuidarte, cómo relacionarte con los demás, cómo poner límites, cómo tratarte a vos mismo, cómo sostenerte en momentos difíciles.
La terapia individual puede ayudarte en muchas situaciones: ansiedad, estrés, tristeza, depresión, baja autoestima, crisis existenciales, ataques de pánico, dificultades para dormir, problemas de pareja, conflictos familiares, duelos, cambios importantes, problemas laborales, inseguridades, miedos, dificultades para tomar decisiones, o momentos donde sentís que perdiste el rumbo. También es una herramienta muy valiosa cuando querés trabajar tu bienestar emocional, aunque no haya un “problema” puntual, sino simplemente ganas de conocerte mejor y vivir con más calma.



Un punto clave de la terapia es que cada persona es única. No hay un camino igual para todos. Por eso, la terapia se adapta a tu historia, a tus tiempos, a tus objetivos y a tu manera de ser. Algunas personas necesitan un espacio para desahogarse y sentirse escuchadas; otras quieren herramientas concretas para manejar la ansiedad o mejorar la autoestima; otras necesitan sanar experiencias dolorosas o aprender a relacionarse de otra forma. Todo eso es válido, y el proceso se construye juntos, paso a paso.